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Hegel: Iveth Mantilla

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domingo, 25 de septiembre de 2011

FREUD

La crítica freudiana a la religión
Carlos Gómez Sánchez: Fraijó, Manuel et. al. (1994). Filosofía de la religión. Madrid. Trotta, pp. 369-396.
Este es el resumen textual de la lectura a discutir en clase:
I. DELIMITACIONES Y PROBLEMAS DE MÉTODO
1. La gloria ambigua del psicoanálisis
La gloria ambigua del psicoanálisis “(…) no es en absoluto casual, pues una doctrina que pretende hablar acerca de lo que ni queremos ni podemos, en principio, saber es difícil que logre una evaluación ponderada y crítica”. 369
3. Psicoanálisis y cultura
“El psicoanálisis puede ser considerado desde una triple perspectiva: como un método terapéutico, como una teoría de la vida psíquica y como un método de estudio de aplicación general. Aunque no fuera temáticamente, el estudio de las instituciones culturales ha estado presente en el psicoanálisis desde el principio. EL papel de la «censura» en el sueño o la instancia superyoica de la «segunda tópica» (…) se corresponden con la función social de interdicción o los ideales que la cultura ostenta. Institución intrapsíquica y institución cultural se doblan, así, mutuamente. Las neurosis, nos advierte Freud en Múltiple interés del psicoanálisis, «se nos revelan como tentativas de resolver individualmente aquellos problemas de la compensación de los deseos, que habrían de ser resueltos socialmente por las instituciones». Por eso, el análisis de la cultura no es un mero «complemento», sino algo que induce a sucesivas reelaboraciones de un modelo que surgió en el campo de la psicopatología”. 370.
“En analogía con lo descubierto en su interpretación, las instituciones culturales serán reconducidas a los deseos que operan latentemente tras sus manifestaciones, consideradas desde ese punto de vista como máscaras de los mismos. Lo cual nos conduce tanto al tema de la ilusión como al de la regresión y la permanencia de lo arcaico. Los deseos, escapando a la ruda disciplina de la realidad, buscan satisfacción, sea en la alucinación onírica o en el delirio colectivo”. 371.
4. Los textos y los temas
“Desde el artículo de 1907 Los actos obsesivos y las prácticas religiosas, hasta su último gran ensayo, Moisés y el monoteísmo, de 1937-1939, el tema directamente religioso no ha dejado de ocupar la atención de Freud. Los enfoques han sido diversos: si en el artículo de 1907 destaca ante todo una serie de analogías entre neurosis y religión, en Totem y tabú (1913) atiende principalmente a la génesis de la religión, para en El porvenir de una ilusión (1927) y en El malestar en la cultura (1930) considerarla sobre todo desde el punto de vista funcional. En fin, en Moisés tratará de aplicar los conceptos anteriormente logrados –particularmente los de Totem y tabú– al origen de la religión judeo-cristiana.
“También podría decirse que, en su análisis de la religión, Freud considera tanto el nivel de las prácticas (fundamentalmente en Los actos obsesivos... ), cuanto el de las creencias (sobre todo en El porvenir de una ilusión). Y ello desde una doble perspectiva: la genética, que se ocupa del origen de la religión, y la económica, que se ocupa de la función que la religión cumple en la economía psíquica individual o en los procesos culturales”. (371-372).
II. Las prácticas religiosas y los ceremoniales neuróticos
“Freud comienza comparando las observancias rituales de las prácticas religiosas con los actos obsesivos de los ceremoniales neuróticos. En ambos aparece la misma extremada minuciosidad en la ejecución, la atención para no olvidar nada, so pena de tener que volver a empezar todo el proceso, la tendencia a complicar profusamente el mismo, la exclusión total de toda otra actividad, la tortura ante la sospecha de haber omitido algo. La diferencia estriba, en una primera aproximación, en que los rituales religiosos poseen un sentido y significación simbólica, mientras que los ceremoniales neuróticos parecen insensatos y absurdos. Pero la investigación psicoanalítica ha descubierto precisamente que tales actos obsesivos entrañan en sí y en todos sus detalles un sentido, sirviendo de expresión a motivos y representaciones inconscientes. El individuo se encuentra bajo la soberanía de una poderosa conciencia de culpabilidad, de la cual no sabe, sin embargo, lo más mínimo. Se trata pues de una «conciencia inconsciente de culpa», frente a la que el ceremonial se inicia como un acto de defensa, como una medida de protección.
“En la base de la neurosis obsesiva se encuentra la represión de un movimiento pulsional, un proceso represivo imperfectamente cumplido. A pesar de su carácter inconsciente, el movimiento pulsional amenaza de continuo y es frente a su influencia, percibida como tentación, frente a la que se desarrolla el ceremonial.” 372.
“Desde que el psicoanálisis ha averiguado el sentido de estos síntomas, la diferencia que se establecía entre ceremoniales religiosos y neuróticos desaparece. Tanto más cuanto que también la base de la religión entraña la renuncia a determinados movimientos pulsionales, aunque en ella no se trata, como en la neurosis, exclusivamente de componentes sexuales, sino de instintos egoístas, antisociales, acompañados por lo general también de elementos sexuales. Par lo demás, también en los rituales religiosos se da una similar tendencia al desplazamiento del valor psíquico y también ellos constituyen fenómenos de transacción que, en nombre de la religión, permiten realizar con frecuencia los actas prohibidos.
(…) Al concluir, Freud propone una conocida fórmula:” 373.
“Después de señalar estas coincidencias y analogías podríamos arriesgarnos a considerar la neurosis obsesiva como la pareja patológica de la religiosidad; la neurosis, como una religiosidad individual, y la religión, como una neurosis obsesiva universal”. 373.
“Queda, no obstante, por saber si esa «pareja patológica» representa la intención profunda de la religión o simplemente su caricatura. Es posible que el psicoanálisis, en cuanto tal, no pueda decidirlo. Pero, por lo que a Freud se refiere, tratará de avanzar al buscar los orígenes filogenéticos de la religión en el drama de un Edipo primordial, que permitirá convertir la analogía estructural en filiación, si no en una identidad de origen. Es la tarea de Totem y tabú.” 373.
III. LA EXPLICACIÓN GENÉTICA: TOTEM Y TABU Y MOISES Y EL MONOTEISMO
1. El drama
“(…) aunque la moral pretende exhibir razones para las prohibiciones que emanan como contra partida a los deseos (…) y, en cambio, en el tabú esas normas se imponen sin apelar a ningún tipo de razones, en realidad la diferencia se estrecha hasta llegar a la filiación, ya que «la conciencia tabú constituye, probablemente, la forma más antigua de conciencia moral»”. 374.
“Basándose en algunas hipótesis de Darwin y Atkinson, postula para los orígenes de la Humanidad un complejo de Edipo primordial y un parricidio original: los celos del padre primitivo impedirían la unión sexual de los jóvenes con las mujeres de la horda. Pero un día, unidos, los hermanos mataron al padre y le devoraron. No obstante, como los sentimientos hacia el eran ambivalentes, tras el asesinato su figura será progresivamente exaltada y los hermanos se prohibirán a sí mismos, mediante la «obediencia retrospectiva», aquello que el padre les había impedido anteriormente: renunciando a lo que había constituido el móvil del crimen, las mujeres del propio grupo, se instituye la prohibición del incesto; renunciando a tratarse entre sí como habían tratado al padre, se origina el contrato social; tratando de reconciliarse con el padre muerto y exaltado se origina la religión”. 374.
“La religión (…) tratará tanto de apaciguar el sentimiento de culpa por el crimen cometido, como de obtener protección y cariño, según todo lo que la imaginación infantil puede esperar del padre. Tendencias que se condensan en la conmemoración ritual de aquel acontecimiento, en el banquete totémico, durante el cual el animal totem -intangible en tiempo normal, por ser tabú- es sacramentalmente matado y comido –una repetición, pues, del crimen primordial-, a fin de crear vínculos de unión entre los miembros del clan y de celebrar la comunión entre los fieles y su dios. Tras la muerte del totem, éste es llorado como muestra de arrepentimiento. Pero como por efecto de la ambivalencia afectiva, la alegría por el triunfo sobre el padre no se puede dejar de expresar, aunque sea disfrazadamente, después se deja libre curso a todas las
satisfacciones en ese acontecimiento que renueva ritualmente el crimen y la expiación, el duelo y la fiesta”.
“A partir de ahí, Freud intenta establecer una evolución -que no progreso- de la religión", hasta llegar al cristianismo (…) El motor de la misma es para Freud la nostalgia del padre (Vatersehnsucht), cuyo lugar vacío va suscitando sucesivas ilusiones que tratan de colmar ese hueco. En efecto, tras la muerte del padre, «ninguno
de los hijos podía ver cumplido su deseo primitivo de ocupar el lugar del padre». Así amenaza morir también el sueño de omnipotencia al que los hombres parecen no saber renunciar. La actitud religiosa solo lo hace parcialmente, pues aunque el creyente confiesa su finitud y fragilidad, enmienda esa situación mediante un delirio colectivo por el que se proyectan en las figuras religiosas los atributos a los que el hombre ha tenido que renunciar”. 175.
2. Omnipotencia y proyección
En Totem y Tabú, Freud da “una versión de la evolución de los sistemas de pensamiento, que recuerda la ley de los tres estadios de Comte. Distingue tres grandes concepciones del mundo: la animista, la religiosa y la científica, que hace corresponder -no sin tener que realizar algunos ajustes- con tres grandes fases en la historia del deseo: narcisismo, elección de objeto y fase de madurez genital. La ley a la que ese desarrollo se ajusta es la del (375) progresivo desplazamiento de la omnipotencia del pensamiento, que si en un primer momento es atribuida al propio deseo, mas tarde se atribuye a los dioses, según el modele de la elección de objeto caracterizada por la fijación de la libido a los padres, para que finalmente esa elección se realice con forme a los dictados del principio de realidad, que correspondería a la fase científica en la que «el individuo renuncia al principio del placer y, subordinándose a la realidad, busca su objeto en el mundo exterior». Se trata pues ahí de la historia de una progresiva renuncia a la omnipotencia y el narcisismo, educados por la necesidad”.
“El modelo bajo el que esa persistencia del deseo se cumple en la religión es el del mecanismo de la proyección (…) La proyección, ese proceso por el que el sujeto expulsa de sí percepciones y deseos que le corresponden atribuyéndolos a la realidad exterior, implica la ventaja de un alivio psíquico al apaciguar un conflicto determinado por la ambivalencia”.
Es lo que sucede en el caso de la muerte de personas queridas, en que se atribuye a éstas la carga agresiva que el sujeto les guardaba -de ahí el temor a los muertos y el culto que tiende a congraciarse con ellos-, mientras que el sobreviviente solo acepta los sentimientos de cariño y respeto que se manifiestan en el llanto y el duelo" (…)
El sentido de la proyección es, pues, la reconciliación”.
“Repetición del crimen primitivo, tentativas de arrepentimiento y de ganarse el favor del padre omnipotente, celebración disfrazada de la rebelión filial: sueño de omnipotencia y sentimiento de culpabilidad, la religión se encuentra marcada así por una temática arcaica, por el des (376) tino trágico que repite, tras su variedad de formas, un mismo conflicto. Enredada en la maraña del deseo, solo la actitud científica podrá superarla, oponiendo a las estratagemas y astucia de aquél, su propia lucidez y tenacidad. Será el tema de El porvenir de una ilusión.” 377.
4.Moisés y el monoteísmo
“La dramaturgia narrada en Totem y tabú será renovada veinte años más tarde en el estudio sobre los orígenes del monoteísmo y la religión judeo-cristiana (…). La obra repite en lo esencial las tesis sustentadas en Totem y tabú.” 380.
IV. LA EXPLICACION FUNCIONAL: CULTURA Y RELIGION
1. La ilusión
“En El porvenir de una ilusión, Freud quiere hacer el balance económico de la religión en el conjunto de la cultura, sin distinguir entre su aspecto idealista (al que algunos llaman propiamente cultural y el utilitario (al que se denomina, a veces, civilización). La misión de la cultura es tanto dominar la Naturaleza [cuestión técnica] cuanto regular las relaciones interhumanas [cuestión práctica]”. 382
“Ahora bien (…) cultura equivale a represión. Esta viene impuesta por el hecho de que los individuos han de renunciar a gran parte de sus tendencias libidinosas y, sobre todo (…) agresivas. Las compensaciones que la cultura ofrece a cambio consisten en las gratificaciones derivadas de la identificación narcisista con el grupo, en las que proporciona el arte -aunque éste permanece por lo general inasequible a las masas-, y en la protección del individuo frente a la supremacía de la Naturaleza. Se trata, con todo ello, de aminorar el grado de sacrificio impuesto a los individuos, conciliándoles con las renuncias inevitables, de paliar la dureza del vivir, pues «como para la humanidad en conjunto, también para el individuo la vida es difícil de soportar» (…) el hombre siempre es frágil: «el hombre, gravemente amenazado, demanda consuelo, pide que el mundo y la vida que den libres de espantos-". 382
“En respuesta a esas demandas se insertan las funciones de la religión, que no proceden en principio sino de la misma necesidad que otros aspectos de la cultura, a los que quiere reforzar santificando la moral desde el ámbito de lo sagrado, y, más allá de ello, espantando los terrores de la naturaleza. Se trata de un escudo protector frente al sinsentido y el caos, que haga soportable al hombre la crueldad del destino y de la muerte. La religión, pues, no es sólo moral y prohibición, sino también esperanza y consuelo. No nace ante todo del temor, sino antes que nada del deseo. De ahí el peligro de que no sea sino una ilusión.” 382.
“Deseo infantil que se prolonga en el adulto, al basar la religión directamente en la indefensión, Freud parece ahorrarse el largo rodeo expuesto en Totem y tabú. Pero, en realidad, no hay tal. Es preciso relacionar continuamente los dos motivos, el del desamparo y el de la nostalgia del padre, como se relacionan motivación manifiesta y latente, pues «la motivación psicoanalítica de la génesis de la religión constituye la aportación infantil a su motivación manifiesta». 382
De este modo, Freud engarza la descripción analógica y la explicación genética en una económica del deseo. De lo que este análisis trata en túltima instancia no es de la verdad o falsedad de las representaciones religiosas, sino de su función desde el punto de vista de su coste afectivo en placer y displacer, satisfacción y renuncia. Si en el artículo de 1907, el modelo lo había proporcionado la neurosis, ahora vendrá constituido por la realización de deseos (Wunscherfüllung) de la vida onírica: entre
la fantasía privada y nocturna, y las grandes ilusiones religiosas, que son su expresión pública y delirante, Freud nos quiere ayudar a encontrar siempre el cortocircuito del deseo que, tratando de burlar las exigencias de la realidad, teje las ilusiones religiosas como, por las noches, urde sus quimeras. La hermenéutica psicoanalítica de ese fabuloso despliegue remite siempre, como a su bajo continuo, al delirio de totalidad”. 383.
“Delirio del que la cultura podrá y deberá acabar par desembarazarse cuando aprenda a aceptar los sobrios límites impuestos por la realidad, de modo que las prescripciones morales dependan solo de su justificación social”. 383.
Es cierto que «la religión ha prestado, desde luego, grandes servicios a la civilización humana y ha contribuido, aunque no lo bastante, a dominar los instintos asociales». Pero la analogía entre el individuo y la civilización permite considerarla como esa imprescindible fase neurótica por la que uno y otra han de pasar, sin tener por que permanecer necesariamente estancados en ella”: 383.
“Hemos de suponer que el abandono de la religión se cumplirá con toda la inexorable
fatalidad de un proceso de crecimiento y que en la actualidad nos encontramos ya dentro de esta fase de la evolución". 383.
Esa analogía permite establecer asimismo la verdad de la religión, que no reside en el presunto referente de la creencia, sino en su verdad histórica, aun cuando esta nos llega en forma disfrazada y deformada".
Por lo demás, las creencias religiosas no son sino ilusiones (…) Es cierto que «una ilusión no es lo mismo que un error ni es necesariamente un error [... ]. Calificamos de ilusión una creencia cuando aparece engendrada por el impulse a la satisfacción de un deseo, prescindiendo de su relación con la realidad, del mismo modo que la ilusión
prescinde de toda garantía real». Así, lo característico de la ilusión no es que sea necesariamente falsa, sino que es engendrada por el deseo y prescinde de su posibilidad de verificación. De ahí que Freud oscile en la calificación de la religión como ilusión o delirio, según acentúe que el conflicto con la realidad se encuentre meramente disimulado o es patente, si bien tiende a deslizar su consideración desde la ilusión hacia el delirio”. 383-384.
“Al denunciar así la religión, Freud advierte que no entra en los límites de su investigación «pronunciarse sobre la verdad de las doctrinas religiosas. Nos basta haberlas reconocido como ilusiones en cuanto a su naturaleza psicológica». Pero en seguida agrega: «no necesitamos ocultar que este descubrimiento influye también considerablemente en nuestra actitud». 394.
“Y aunque Freud sabe del riesgo de privar a los preceptos morales de la solemnidad y las motivaciones afectivas que le prestan la sanción religiosa, estima que las ganancias son mayores que las pérdidas. Por más que al hombre le cueste trabajo renunciar a la creencia de sentirse «amorosamente guardado por una providencia bondadosa)), «no puede permanecer eternamente niño; tiene que salir algún día a la vida, a la dura "vida enemiga". Esta sería la «educación para la realidad». La protección contra la neurosis personal de que los creyentes parecen gozar, al englobarse en una neurosis general, es a costa de un engaño que no debe persistir. La única vía posible de progreso es la de la labor científica, la del pequeño dios Logos, ese dios precario, que avanza can paso incierto, cuya voz es apagada, pero no descansa hasta haber logrado hacerse oír. Desde luego, no se puede esperar de ese dios tanto como de sus antecesores , pero en cambio tiene la ventaja de no trabajar al servicio de la ilusión: «No, nuestra ciencia no es una iiusión». 384-385.
2. El malestar
También en el Malestar en la cultura “se trata de realizar un balance de las renuncias y compensaciones que la cultura ofrece. El libro se abre como continuación de la obra de 1927, como respuesta a R. Rolland que echaba de menos, en el estudio sobre la ilusión, lo que él consideraba ser la fuente última de la religiosidad, una especie de sentimiento de infinitud y de comunión con el Todo, un «sentimiento oceánico». Freud
intenta «una explicación psicoanalítica -es decir, genética-» del mencionado sentimiento, «que nos inclinamos a reducir a una fase temprana del sentido yoico». (…) Freud (…), dice, no ha experimentado ese sentimiento y tampoco estima muy importante el papel que pueda jugar en la religiosidad, por lo que prefiere alejarse de esas posibles «fuentes más profundas del sentido religioso», para volver «al hombre común y su religión, la única que había de llevar este nombre»". 385.
“Pero, a partir de ahí, el libro toma otro giro. No quiere plantearse la cuestión de si la vida humana tiene o no un sentido, pues la pregunta misma probablemente emana de la vanidad antropocéntrica y «decididamente, solo la religión puede responder al interrogante sobre la finalidad de la vida». Antes que ello, decide concentrarse en investigar las posibles vías que se ofrecen al hombre en una aspiración común, como es la aspiración a la felicidad. Con todo, la obra acaba por constituir
más bien algo así como un tratado De la infelicidad o, al menos, de algunas de las dificultades insalvables que obstaculizan el camino de los hombres hacia ella”. 385.
“En contraste con algunas de las declaraciones mas confiadas de El porvenir..., en el que en un momento llega a afirmar que si el hombre concentra en este mundo sus energías «conseguirá probablemente que la vida se haga más llevadera a todos y que la civilización no abrume ya a ninguno», en El malestar... comienza dando cauce a la decepción que los progresos científicos por sí solos -pese al valor irrenunciable que comportan- han supuesto para las expectativas de la felicidad del hombre, pues «el dominio sobre la Naturaleza no es el único requisito de la felicidad humana -como, por otra parte, tampoco es la meta» exclusiva de las aspiraciones culturales-». El conflicto entre civilización e instintos, tal como ahora lo presenta, no se desarrolla principalmente en la línea de las pulsiones libidinales -con las que siempre podría llegar a pensarse en una forma de armisticio-, sino con las pulsiones agresivas (…)
Frente al talante, siempre sobrio, pero algo más vehemente en la polémica y algo más confiado en las expectativas, de EI porvenir de una ilusión, Freud subraya ahora que aunque «cabe esperar que poco a poco lograremos imponer a nuestra cultura modificaciones que satisfagan mejor nuestras necesidades (…) quizá convenga que nos familiaricemos también con la idea de que existen dificultades inherentes a la esencia misma de la cultura e inaccesibles a cualquier intento de reforma»”. 385-386.
Estamos lejos, pues, de la perspectiva de una civilización «que no abrume ya a ninguno». Más bien parece que la civilización comporta siempre un descontento, un malestar, si no algo trágico. En efecto, la renuncia a los componentes agresivos es algo de lo que la cultura no puede prescindir, si es que las tendencias eróticas que amalgaman el entramado de la civilización han de fructificar. En función de ello, hará que esos impulsos destructivos se vuelvan contra el propio individuo, «desarmándole y haciéndole vigilar por una instancia alojada en su interior, como una guarnición militar en la ciudad conquistada». Así se origina «una exaltación del sentimiento de culpabilidad», que se enraíza ante todo en el dualismo pulsional, por lo que adquiere un «carácter fatalmente inevitable», y se convierte, a la postre, en «el problema más importante de la evolución cultural»”. 386.
“No por ello Freud renuncia a toda perspectiva hacia el futuro. Pero, en todo caso, la cautela es la nota predominante. El hijo positivista de la Ilustración del estudio de 1927, se convierte ahora, sin renunciar a la misma, en uno de sus principales críticos, en el pensador romántico que quiere hacernos ver las sombras que arroja, ella también, la luminaria del progreso:” 386.
«He procurado eludir el prejuicio entusiasta según el cual nuestra cultura es lo más precioso que podríamos poseer a adquirir y su camino habría de llevarnos indefectiblemente a la cumbre de una insospechada perfección»”. 386.
“En este marco, la apelación final de la obra invoca, significativamente, no a Logos sino a Eros”. 387.
Considero que este cambio de posición de Freud se debe, precisamente, a lo que él cuenta en el libro, El malestar en la cultura, como una de sus principales preocupaciones: la guerra en Europa. La primera sangrienta guerra mundial que enfrentaba a los pueblos europeos en una violenta e inútil lucha a muerte, en la defensa de exaltados valores patrióticos o de supuestos intereses nacionales vitales.

7 comentarios:

  1. Sigmund Freud,(1856 - 1939),medico y neurólogo autriaco, es el creador del psicoanálisis, y por algunos llamado el padre de esta misma.

    Sus grandes innovaciones fueron:
    - Darle concepto al inconsciente, deseo inconsciente y represión, los cuales generan en el ser humano manifestaciones físicas, un ejemplo de esto, seria cuando una persona tiene visión 20/20 y no puede ver.
    - Para darle una cura a las manifestaciones Físicas del inconsciente, desarrollo THE TALLKING CURE o la cura mediante la palabra, en la cual el paciente le habla de cualquier cosa con el terapeuta.
    - Pero uno de sus grandes descubrimiento fue, que los niños también tenían sexualidad y que en ellos se desarrollaba un incesto natural al cual llamo EL COMPLEJO DE EDIPO.

    Freud no se preocupo mucho en sus investigaciones, por la influencia de la religión, pero en lo poco que dijo de esto, demuestra ser en uno de los grandes opositores de esta, tachándola, de una ilusión y neurosis colectiva, que no deja crecer al ser humano, un malestar de la cultura.

    Esta una pequeña introducción a quien fue Freud y cual su posición frente a la religión.

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  2. Profesor, me puede hacer el favor de subir todo el texto de Freud? ... Le agradezco urgente... Gracias

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  3. PROFE NO SALE EL ULTIMO COMENTARIO QUE HICE DE LAS PRACTICAS RELIGIOSAS Y CEREMONIAS NEUROTICAS

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  4. LAS PRACTICAS RELIGIOSAS Y CEREMONIAS NEUROTICAS
    En este apartado del texto Freud, nos explica las semejanzas que existe entre una neurosis obsesiva y prácticas religiosas, que son las siguientes:
    - La creación de rituales para despojarse de la culpabilidad, y al igual que la religión el neurótico obsesivo, cree que estas ceremonias son “actos sagrados”, por muy simples que parezcan.
    - La simbolización de la ceremonia, se da por una sola persona, mientras en la religión la simbolización del ritual la concede el sacerdote y el “actos sagrados” neuróticos la simbología la otorga el psicoanalista.
    - Sin embargo la mayor similitud entre, un acto neurótico y ceremonias religiosas, es que las dos son actos de defensa o una medida de protección contra una culpabilidad, que supone un castigo o una desgracias para el culpable.
    Así mismo hay otras semejanzas, como son: la minuciosidad de la ejecución del ritual, la extracción de total de otra actividad mientras sucede el ritual, y atrás más que se encuentran en el texto.
    En consecuencia, se puede observar como Freud establece una relación valida, entre la religión y neurosis obsesiva. Colocando a todo aquel que practica una religión como, alguien que tiene una enfermedad psíquica o mental, es decir que el religioso es un neurótico obsesivo, y podemos observar en la vida cotidiana estas semejanzas que explica Freud, al acto de confesión no es la sublimación de un pecado es decir una culpa, la penitencias, el ayuno y en casos, para mi, mas extremos, la flagelación y el uso del cilicio, todos no buscan la sublimación de una culpabilidad y evitar el castigo eterno, en las llamas del infierno. En palabras del propio Freud la neurosis obsesiva es una religiosidad individual y la religión es una neurosis obsesiva universal.

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  5. En este texto Freud establece la distinción entre psicología y religión. Según Freud la religión es una paradoja, un delirio colectivo, la religión es causante de rebajar los valores de la vida y de la inteligencia y por lo tanto de mantener a los hombres en un infantilismo psíquico. opina en efecto que la religión prohíbe pensar y ademas lucha contra la ciencia, por el miedo que le tiene.Por eso Freud no vacila en afirmar."Estamos convencidos de que es conveniente dejar totalmente de lado a la parte de verdad que pueda haber en la religión"(psicoanálisis de Freud y religión, pag:24)
    La psicología no se nos presenta como unidad, por contrario la forma en que la podemos encontrar es variada y con diferentes paradigmas
    que muy difícilmente podemos hallarlos en unidad pues,hay que aclarar que cada uno de estos tendrán diferentes objetos de estudio.
    En cuanto al aspecto religioso en el psicoanálisis Freud lo toma como neurosis e ilusión dándole un valor negativo, para él la religión no solo es neurosis colectiva sino también delirio colectivo, buscando con esto alejarse con el mundo exterior como puente para evitar enfrentarse el sufrimiento de la realidad. Freud nos muestra la relación que se hace presente entre neurosis y religión, estas dos nacen del pensamiento mágico, de sentimientos y representaciones infantiles de un sujeto que no accedido a la madurez postedipica y no la ha confrontado con la realidad.El psicoanálisis ante la religión asume una posición educativa, es decir, actúa como conocimiento desilusionador, nos educa para que renunciemos a las ilusiones del deseo que son contrarias a la realidad y nos enseña la verdadera realidad del destino.

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  6. Me parece muy interesante cuando Freud nos habla de "LAS PRÁCTICAS RELIGIOSAS Y LOS CEREMONIALES NEURÓTICOS", y es muy evidente que las personas se someten a esa clase de rituales tan obsesivos es por el motivo de culpa que guardan en sus corazones, y al ver este método se ponen la mascara para ocultar por cierto tiempo la realidad.

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  7. religioso= neurotico........todos viven con una conciencia de culpa.....con un miedo al castigo...por un hecho que no hemos llevado a cabo...un neurotico tiene miedo de ser culpable....el religioso tiene miedo por qu es culpable...de un pecado original... un parricidio

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